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sábado, julio 31, 2021
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Coronavirus: Efectos psicológicos generados por el “Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio”

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Para paliar la crisis sanitaria, y como mandato gubernamental en un intento de disminuir la expansión del coronavirus (COVID-19), se nos ha obligado al confinamiento domiciliario.  La cuarentena suele ser una experiencia desagradable para los seres humanos, debido a que es un aislamiento obligatorio y que implica romper con la libertad a la que se acostumbra. En efecto, esta situación tiene una potente carga psicológica. De repente, la forma de vida ha cambiado y toca adaptarse temporalmente a una nueva cotidianidad. Muchas personas se ven atravesadas por la pérdida del trabajo, la reducción de ingresos mensuales, el fallecimiento de alguien significativo, el hecho de tener que convivir 24hs con la pareja, hijos, familiares…

Es importante saber que los vaivenes emocionales son normales. Es incluso hasta esperable que en muchas ocasiones se sienta cierto estado de estrés, angustia e incertidumbre; y esto se debe a que, como las emociones se vean afectadas, se genere un sube y baja emocional. De esta forma, se puede llegar a experimentar:

 • Incertidumbre y falta de control. Ya que los seres humanos necesitan saber qué es lo que va a pasar a continuación para así poder anticiparse a lo que va a ocurrir; el no poder hacerlo generará mayor preocupación, sensación de una espera eterna y frustración.

• Ansiedad (excesiva preocupación por el futuro), enojo, miedo y tristeza. La adaptación a lo nuevo es siempre un proceso, la carga emocional es mayor cuando se trata de habituarse a situaciones que son percibidas como negativas.

¿Qué estrategias son aconsejables emplear para gestionar el confinamiento?

En primer lugar es importante tener en cuenta que la casa donde se habita será el lugar de trabajo, ocio, descanso, y el espacio donde realizar actividades físicas. Es importante mantener el lugar limpio y ordenado. Esto generará mayor comodidad, y aunque no signifique que se amará el confinamiento, influirá en el estado de ánimo de manera positiva.

Es importante también mantener una rutina, una estructura en el día a día. De esta forma se generará alguna sensación de control. En este sentido, es imprescindible habituarse a mantener, además de lo laboral, rutinas de ocio marcadas, como hacer deporte, leer un libro, ver una serie o simplemente descansar. Esta rutina es también importante para las familias que tienen hijos.

Es transcendental evitar la sobreinformación ya que esto puede generar una sensación de alarma permanente. Además de ello, es relevante atenerse a la información proveniente de fuentes fiables.

Es esencial no aislarse. Que el encierro no impida el mantener los vínculos. De este modo, el fomentar la socialización y las relaciones son importantes para el bienestar psicológico. Ayudados por la tecnología, se pueden realizar, por ejemplo, video llamadas con amigos y familiares.

Evitar los pensamientos y anticipaciones fatalistas, ya que esto genera ansiedad y limita los recursos para el afrontamiento de lo adverso. El miedo y la idea recurrente de catástrofe pueden generar que toda perspectiva sea negativa, e incluso, paralizar.

Así como no estancarse en lo negativo ayuda, generar un modo de visualización positivo, también. Cambia totalmente el modo de vivir cuando se deja la excesiva sensación de encierro de lado, y se piensa que todo sacrificio personal tendrá su redito a nivel propio y comunitario (evitará contagios).

Es fundamental promover el autocuidado; practicar ejercicio, relajación, zumba… escuchar música, ver películas o series pendientes, leer, aferrarse a la religión, etc. Todo aquello que redunde positivo en lo personal.

Por último, el trazar objetivos a posteriori es importante para mantener la perspectiva de futuro medianamente anticipada. Y no solo por ello, sino porque las metas en la vida dignifican al ser humano y movilizan su deseo de vivir.

Para cerrar, y atendiendo a lo que se dijo al principio, es posible que el estado de ánimo se mantenga estable definidamente, pero también, y en otros momentos, puede suceder que las emociones se desestabilicen.

Es normal, y no hay que alarmarse. La tristeza, el miedo, o el enojo pueden aparecer, así como la sensación de irritabilidad, angustia, preocupación, estrés; incluso se pueden experimentar ciertos trastornos en el sueño o la alimentación. Normalizarlos está bien, pero aferrarse a ellos no. Es importante identificar cuando las emociones se prolongan en el tiempo ya que, de ser así, es importante pedir ayuda.

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